Archivos Mensuales: abril 2014

El placer del sufrimiento

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¿Por qué sufrimos? Se le pregunte a quien se le pregunte, nadie va a contestar que le gusta sufrir (dejemos masoquistas y demás excepciones a un lado para evitar una caída de esta idea).

Existen mil y una reflexiones de grandes pensadores y eruditos de la historia que soliloquian sobre el sufrimiento humano, la pena o el desamor, pero, y pecando un poco de extremismo profesional, el dolor es algo psicológico. Es decir, se puede controlar. ¿O tal vez no?

Nuestra mente, cargada de procesamientos, conductas y demás entresijos abstractos, concentra mucha atención al sufrimiento. Parece como un sistema biológico pensado para luchar contra el entorno. Algo así como una sirena que te alerta. Si esto es así, el impulso sería combatir contra el estímulo que me provoca tal emoción, y, sin embargo, parece que actúo para fracasar. Después de años y años, el mundo gira a mis pies para controlar matices en mi devenir que pretendo evitar. Ojo, no os confundáis, no estoy hablando del destino, no creo que éste exista siquiera (ciertamente, soy más partidario de la célebre Teoría del Caos), más bien, creo que son mis propios gustos, personalidad o preferencias las que dominan mi criterio. La frase “No es lo que miras, sino lo que ves” puede dar una explicación de lo que siento.  Pero, y volviendo al tema que nos ocupa, si son mis gustos los que miran por mí, ¿por qué no actúa el gusto de no fijar la mirada donde no me gusta hacerlo?

En cierto modo, pienso que nos gusta sufrir tanto como la sensación de saber que aprendemos de las heridas, que hay cicatrices que no se reabrirán y, sin embargo, en el ciclo continuo y cíclico en el que está inmerso mi mundo interno, sigo persiguiendo para saber cuán fácil es abrirla de nuevo.

Todo cambia, todo se mueve, nada queda. Un mundo en constante devenir cruzando ante unos ojos que permanecen fijos en la insensatez del tiempo.