Archivos Mensuales: noviembre 2014

Inspiración a la desesperada

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El sol apareció nítido sobre la superficie del mar, inundando de luz toda la isla. Cuando apenas había comenzado a calentarme, la brisa se convirtió en un viento que calaba como cuchillos hasta los huesos. Mientras esperaba en el interior de la cueva al abrigo del fuego, un charco se formó bajo una de las grietas. En su reflejo, la figura de una cara deborada por un pelo esférico se miraba a si misma, donde la maraña de pelo y barba solo dejaba distinguir unos ojos cansados y una nariz quemada. Me vino a la mente la época en que llevé el pelo largo. Por si mismo cogía un aspecto afro. Era diferente, y me gustaba. Ahora, sin embargo, solo deseaba tener a mano unas tijeras y volver a ver mi rostro. Volver a ser yo.

Cuando la tormenta se fue, decidi bajar a la playa y conseguir algo de comida. Un palé embalado fue arrastrado por las olas hasta la orilla. La última vez que una caja apareció fue hace 5 años, cuando el avión en el que iba se estrelló en algún lugar del mar caribe, y el equipaje y los paquetes llegaron del mismo modo que yo. Unas vacaciones diferentes, que ya se están pasando de largas.
Abrí el embalaje del palé y solo encontré cajas. Diez cajas muy bien embaladas. Al abrirlas descubrí nada menos que botellas de vino. Decidí sacarlas de la orilla y llevarlas a la sombra de la selva. Proseguí con mi tarea y pesqué algunos pececillos. Mientras encendía el fuego en la arena, el calor se hizo presa de mi garganta, que se convirtió en una cueva seca y angustiosa. Las brasas comenzaron a cocinar la pesca, y yo abrí la segunda botella de aquel vino. Me senté a la sombra y comencé a observar aquel manto azul que me rodeaba. Después de tanto tiempo, no conseguí encontrar la forma de construir una barca. Las plantas de esta isla son pequeñas y de tronco pequeño. Nada con fuerza para soportar la deriva. Al final te acostumbras a no saber que va a pasar mañana, y los días se hacen cortos trabajando, y muy largas las noches de recuerdos lejanos, de un pasado del que te rendiste a creer que volvería.

Ya es de noche, y la cuarta…. no, la quinta botella de vino está por la mitad. A juzgar por el estado de la botella, la etiqueta y el extraordinario sabor de este elixir de los dioses, juraría que se trata de un vino muy escaso, y muy caro. No sé si será por el alcohol o por un arrebato de extraordinaria creatividad, pero puedo beberme las nueve cajas restantes y morir aquí solo, o puedo usarlas como billete de cambio hacia casa. Asi que, si has encontrado este mensaje, encuentra a alguien que entienda de vino, enséñale la botella junto con la etiqueta que he metido con la carta, y confirma que se trata de un tesoro. Si quieres venir a por ellas, detrás de la etiqueta está escrita mi dirección y mis datos personales. Allí te informarás de qué vuelo fue el que se estrelló. Puedo decir que es en alguna zona del mar caribe. Un gran fuego permanecerá encendido en la playa anunciando tu llegada. Por favor, venid a buscarme. Sigo aquí.

P.D: Prometo dejar al menos 8 cajas de vino. Debido a la larga espera de este medio de retransmisión, quizás sean siete.

Relato corto para juego de “El Rincón de la Tinta”