La Cuenta Atrás

Estándar

El día se hace noche, y en la linde entre el mundo y el país de los sueños, mis dedos dan cuerda al reloj que, un día más, reinicia la cuenta atrás de su propia vida.

El tintineo de los engranajes sangra en forma de segundos, mientras las manecillas van devorando el tiempo que la vida le va otorgando. Impasible, el dorado compañero se abraza a mi muñeca, aferrado al dueño de su alma, temeroso de que despunte el día, y su corazón se quede sin fuerzas.

Cada noche, en la linde entre la vigilia y el sueño, obra su labor el dueño, recargando la vida de su efímero compañero, el tiempo. Con cada vuelta, ronronea el esclavo por dentro, retorciéndosele las entrañas como las ascuas de un fuego intenso, para acabar aferrado, y a oscuras, esperando que su almo vuelva de su viaje de cuento, y que, al despuntar el alba por las montañas, sea el esclavo el que dirija al dueño, con la esperanza de que al llegar la noche, le devuelva el favor en forma de vida convertida en tiempo

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