Archivos Mensuales: junio 2015

La crema de calabacín

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Al despertar por la mañana, toco su lado de la cama. Está fría. Se ha vuelto a ir al trabajo sin despedirse. No es nada nuevo, incluso lo agradezco. Sus fríos labios sobre mi mejilla me hielan el corazón. Me levanto de la cama y me dirijo al baño. Al observarme en el espejo, me doy cuenta que todavía se nota el moratón en el ojo. Otro día de gafas de sol en un día nublado.

Desayuno deprisa, no puedo permitirme perder tiempo. Si no tengo todo lo de la casa hecho cuando llegue, seguro que habrá represalias. Limpio los cristales rotos del jarrón que rompió anoche. Después, los platos, limpiar el polvo, recoger todas las botellas de vino que se bebió al llegar del trabajo, lavar la ropa sucia, planchar la limpia, media hora frotando los restos de sangre de la alfombra, limpiar el baño y, finalmente, la compra. Odio hacer la compra. Siempre escojo la peor comida. Nunca le gusta nada de lo que compro. No me extraña. No sirvo para nada, mucho menos para algo tan importante como su alimentación. Y su trabajo de directivo en esa compañía tan importante precisa el tener una imagen perfecta. No se como puede seguir conmigo. Dice que me ama, que todo lo hace por mí, pero yo no hago mas que estropear las cosas. Nunca aprenderé. Tal vez si me golpease más fuerte…

Llego de la compra y lo coloco todo en el frigorífico. Hoy se me ha ocurrido hacerle de cena una parrillada de verduras, crema de calabacín y unas pechugas de pavo a la plancha con limón. Espero que le guste. También he comprado fresas y un bote de nata. Seguro que le hace ilusión la sorpresa. Estoy muy impaciente porque llegue, después de la discusión de anoche, necesitamos una cena para hacer las paces y pedirle perdón por mi comportamiento de ayer. No debí tirarle la copa de vino. Debo estar pendiente de lo que me pide siempre, y no ser tan torpe cuando tengo que preparar tantas cosas. Aunque a veces pierda el control, sé que es por mi bien. Pero no sé que me pasa, sigo cometiendo los mismos errores, aunque me castigue una y otra vez. Supongo que al ser tan idiota, jamás aprenderé. No comprendo como sigue conmigo. Desde luego, lo que siente es amor por mí. No hay otra explicación. Ojalá fuese capaz de demostrárselo también.

Son las 8. Debe estar saliendo del trabajo ahora. No voy a mandarle ningún mensaje. Siempre estoy agobiando preguntando por todo. Que si has salido ya, que cuanto le queda para llegar. No quiero que se enfade, así que mejor me voy a dar una ducha. Me pondré elegante. Siempre le ha gustado la elegancia. Es la parte mas sexy de una persona, como dice siempre.

Cuando he terminado de vestirme, se me ocurre empezar con la cena. Preparo todos los ingredientes pero… Oh no! se me ha olvidado comprar el calabacín. Bueno, puedo enviarle un mensaje para que lo compre. Deshecho esa idea de inmediato. Se daría cuenta que se me ha olvidado el ingrediente principal de la crema, y ya sé lo que eso significa. No quiero que se enfade de nuevo por mi estupidez. Decido ir corriendo a comprarlo y volver antes de que llegue.

Al salir a la calle, me doy cuenta que está lloviendo. Las 8:30. No me da tiempo si no voy ya. Voy corriendo hasta la tienda. Llego chorreando, compro un par… no, tres calabacines, y vuelvo a toda prisa a la casa. Al llegar, siento un enorme alivio. Aún no ha llegado. Lo corto todo, aún con la ropa empapada, y dejo que se vaya haciendo la crema a fuego lento mientras me doy otra ducha rápida y me cambio de ropa. Al salir, compruebo que todo está en orden. La crema está prácticamente hecha. Sólo queda poner las verduras a la plancha. Miro el reloj. Las 9:20. Debe estar al llegar. Abro una botella de su vino favorito y lo dejo que vaya oxigenándose

Pasa una hora. Dos horas. Tres. Son las 12:15 Cuando oigo su coche entrando en el garaje. La crema inevitablemente se ha enfriado, y las verduras cortadas se han quedado pochas. Cuando entra en la casa, el olor a ginebra inunda la sala. Deja su abrigo y su maletín en la percha de la entrada, y camina hasta el sofá tambaleándose. Le pregunto qué le pasa. Con la voz gangosa, se ríe y me dice que si no lo veo, que ha bebido. Se ha parado con los compañeros a tomar algo después del trabajo. Le digo que me podría haber avisado, para no preparar la cena. Su respuesta es simple. Una bofetada me cruza la cara. La culpa es mía por no haberle escrito para saber si venía a cenar. Permanezco en silencio. Lleva razón. He supuesto que iba a venir directamente a casa, y es viernes. Soy idiota.

Se echa una copa de vino, y tira medio sobre la mesa. Corro hasta la cocina a por un trapo para limpiarlo. Se ríe y me dice, te he enseñado muy bien, ¿verdad? Le sonrío. Le pregunto que si quiere cenar, y me contesta que si no veo la hora que es. Que ya ha cenado, que no pregunte estupideces. Me agarra del brazo y me lleva a la habitación. Me quita la ropa y me tira a la cama. Mi cuerpo empieza a temblar. No de excitación, sino de miedo. Al caer me doy cuenta que he dejado la ropa mojada de antes en el suelo. Se me ha olvidado quitarla de allí. Se sienta encima mía y comienza a besarme. Sus labios me embriagan, y se me olvida todo lo demás. Comienza a besarme por todo el cuerpo, mientras sujeta mis manos para inmovilizarme. Le gusta hacerlo así. Se levanta y se queda muy fija mirándome y me pregunta por el carmín que hay en mi cuello. P..p…pero, cariño, si el carmín es tuyo, me lo acabas de hacer tú, le digo. Su rostro de lujuria se transforma en ira, y me dice que es mentira, que el del cuello es de otro color. Le digo que eso es imposible, pero no me cree. Entonces ve la ropa mojada. Oh, así que has salido esta tarde, y has llegado chorreando, ¿Verdad?, me dice. Le digo que ha sido para comprar el calabacín, pero no me cree. Dice que he estado con otra. Yo le suplico que me crea, que no he salido en todo el día de casa. No me cree. Coge el cinturón de los pantalones mojados y se acerca a mí. Yo intento salir corriendo, pero es imposible. Me pasa el cinturón por el cuello y me tira al suelo. Comienza a golpearme con la hebilla por todo el cuerpo. Yo solo puedo acurrucarme mientras grito entre llantos su precioso nombre.

Sara. Sara. Sara…..

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