Archivos Mensuales: septiembre 2015

Espionaje a pequeña escala

Estándar

-Tango, aquí Bravo. Tango responda.-

Las comunicaciones estaban perdidas. Estaba solo en aquel agujero oscuro. La base había perdido mis comunicaciones, y mi paradero, más que permanecer perdido, estaba a punto de convertirse en un pobre recuerdo. Aquel laberinto me helaba la sangre. El silencio se había apoderado de aquellos pasillos, y el crujir de la madera retorciéndose por el frío me rajaba la espalda como cuchillos helados.

Una vez asumido que la vuelta a casa sería complicada, sólo me quedaba una opción. Acabar aquello a lo que había venido a hacer. Tanteé todos los pasillos y habitaciones del lugar. Todo permanecía en calma. Ni un alma custodiaba esas puertas. Pero yo sabía que el tesoro sólo era custodiado por una. Un alma sin compasión, a la que tendría que cuidarse de no encontrarse.

Tras un rato buscando y removiendo, me di cuenta que sólo quedaba un sitio donde hallar el tan ansiado botín. De forma silenciosa, y arrastrándome por aquel frío suelo, me acerqué a la cama del general. El oficial dormía con la confianza de quien no espera a nadie en mucho tiempo. Busqué por los cajones y los armarios, removiendo todo lo que me encontraba a mi paso, con el cuidado de no cambiar nada de lugar. El tesoro no estaba allí. De pronto, el general hizo un ruido respirando, y comenzó a moverse, casi desperezándose. Casi por acto reflejo, me tiré al suelo, y rodé hasta meterme debajo de la cama. El general se volvió a dar la vuelta, y se quedo nuevamente dormido. Mi corazón se aceleró, y la respiración se me hizo más profunda. Cuando pude recomponer el aliento, me di cuenta lo que había a mi lado.

Su tamaño era considerable. Tenía el aspecto de una caja. Estaba envuelta con un papel de embalaje para ocultar su contenido. Intenté levantarlo, pero su peso era desmesurado, y pude oír algunas piezas que había sueltas. Con precisión quirúrgica, intenté despegar el envoltorio. En la caja vi el dibujo de unos planos, con formas cilíndricas, y lentes de aumento. El corazón se me encogió. Con estos materiales, sólo se podría construir una cosa. Eso significa que no saldría de aquel agujero en mucho tiempo si me encontraban allí. Volví a cerrarlo todo cuidadosamente, y me dispuse a salir por la puerta de la misma forma en la que entré. Rectando.

Al caer la tarde, el general se despertó, y me encontró inspeccionando los rincones de la casa. Al verme, una sonrisa apareció en su cara. Me llevó hasta la cocina y me ofreció un bocadillo. Cada bocado me sabía a gloria. Una gloria que no me iba a ser dada de forma gratuita.

-Bueno. ¿No tienes nada que decirme?

-No sé a que te refieres.- Contesté, con el semblante paralizado.

-Me vas a decir que no lo has estado buscando, ¿no?

-No, para nada. Por supuesto que lo estaba buscando. pero no lo he encontrado.- mentí.

El general comenzó a reír ante mi osadía. Mis piernas comenzaron a temblar. El bocadillo se quedó en la mesa, olvidado. El estómago se me había cerrado.

-No me extraña. Como que no está aquí, ya te lo dije. Puedes buscar lo que quieras, pero tendrás que esperarte al día 6, como todos los demás

-Pero mamá, si ya se que no son reales.

-Me da igual. Esa es la tradición en esta casa, y así va a seguir. 10 años no es edad para dejar de ilusionarte por estas cosas hijo.

-Está bien mamá… Me esperaré

-Ese es mi niño. Anda, termínate el bocadillo y ve a recoger tu cuarto.

Obedecí lo que me dijo el general mientras pensaba en la victoria en mi misión. La información pronto llegaría al cuartel. Para los reyes de este año me van a traer un telescopio. Que ganas tengo de ver la Luna con él.

Anuncios