De bártulos a Bacos y Prometeos

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La poesía, reflejo del alma, posee la capacidad de amoldarse, como si de agua se tratase, a los sentimientos del creador que, pluma en mano, desliza llantos y risas en el vaivén del papel de la vida.

Algo así ocurre en la poesía de Ara Barra, autora del recital de poesía “El Desencanto”, que se presenta del 18 de julio al 29 de agosto en Palma del Río, del cual trata todo este asunto.

Desde aquellos bártulos de la chica del “ahora” andalúz, hasta el desencanto del arte “baco-prometeico”, hay que decir que ha llovido mucho. Y es que la poesía evoluciona, ya que es el vehículo para expresar las emociones, y éstas, incansables en el derecho de poseernos, se adaptan a la obra de la artista mejorando lo que ya se encontraba en alza.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, el proyecto de “El Desencanto” está inspirado en la obra del poeta, poco conocido, de la generación del 27, León Felipe. En ella, el autor toca tres temas más que concurrentes en la poesía: la sociedad, el amor, y el propio autor.
Sin ánimo de desvelar nada, puedo decir que la obra de Ara B. está cargada de un simbolismo muy marcado en la artista, aunque con un mensaje a modo de lógica sentencia en cada poema. El arte prometeico, como así se llama la obra de León Felipe, describe unos versos cargados de agria belleza, la cual, la artista Ara B. ha conseguido plasmar, sin dejar a un lado su mensaje y estilo propio, en la obra que nos propone.

Recomiendo encarecidamente acudir al recital de poesía presentado en Palma del Río, tierra de naranjos y azahares, para disfrutar de la obra de una artista palmeña que no defraudará a nadie.

Para conocer más de la obra de Ara B., visita http://bocadecosecha.blogspot.com.es

Mi mente en ciclo

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Retransmitiendo desde la templada cueva. El exceso de café y una comida rica en pimiento (serranito) han acabado por mezclar un cóctel explosivo que, irremediablemente, me ha forzado a pensar.
Me encontraba hace un rato apoyado en la ventana del balcón obervando la solitaria calle mientras un cigarro se consumía a ritmo de calada y ráfaga de viento. El sinuoso baile del humo mecido por el aire, mezclado con la absoluta ausencia de movimiento en la calle me ha hecho recordarme, hace ya 9 meses, en el mismo lugar, con la misma postura y fumando el mismo cigarro de espera. Eran tiempos inestables, y una idea me recorrió la mente mientras el pequeño fuego se hacía ceniza. Se avecinaban tiempos de cambio, y pensé que tal vez esa sería la última vez que viese Jaén con esos ojos.
Sonreí. No una risa de felicidad. Sólo una sonrisa.
Sin embargo, poco después comencé a pensar en mi yo del futuro. Mi yo soltero, a final de curso, tras un año incierto cargado de un desconocimiento tentador, fumándose un cigarro, y analizando todo lo ocurrido con una sonrisa verdadera en el rostro.
No obstante, mi yo futuro se ha convertido en presente, y lo que he recordado después de un año auténticamente de locos, es el último día de mi yo pasado pensando en el ahora.

El cigarro de espera se ha consumido. Lo dejo caer al vacío mientras esa sonrisa se ríe del tiempo.

El placer del sufrimiento

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¿Por qué sufrimos? Se le pregunte a quien se le pregunte, nadie va a contestar que le gusta sufrir (dejemos masoquistas y demás excepciones a un lado para evitar una caída de esta idea).

Existen mil y una reflexiones de grandes pensadores y eruditos de la historia que soliloquian sobre el sufrimiento humano, la pena o el desamor, pero, y pecando un poco de extremismo profesional, el dolor es algo psicológico. Es decir, se puede controlar. ¿O tal vez no?

Nuestra mente, cargada de procesamientos, conductas y demás entresijos abstractos, concentra mucha atención al sufrimiento. Parece como un sistema biológico pensado para luchar contra el entorno. Algo así como una sirena que te alerta. Si esto es así, el impulso sería combatir contra el estímulo que me provoca tal emoción, y, sin embargo, parece que actúo para fracasar. Después de años y años, el mundo gira a mis pies para controlar matices en mi devenir que pretendo evitar. Ojo, no os confundáis, no estoy hablando del destino, no creo que éste exista siquiera (ciertamente, soy más partidario de la célebre Teoría del Caos), más bien, creo que son mis propios gustos, personalidad o preferencias las que dominan mi criterio. La frase “No es lo que miras, sino lo que ves” puede dar una explicación de lo que siento.  Pero, y volviendo al tema que nos ocupa, si son mis gustos los que miran por mí, ¿por qué no actúa el gusto de no fijar la mirada donde no me gusta hacerlo?

En cierto modo, pienso que nos gusta sufrir tanto como la sensación de saber que aprendemos de las heridas, que hay cicatrices que no se reabrirán y, sin embargo, en el ciclo continuo y cíclico en el que está inmerso mi mundo interno, sigo persiguiendo para saber cuán fácil es abrirla de nuevo.

Todo cambia, todo se mueve, nada queda. Un mundo en constante devenir cruzando ante unos ojos que permanecen fijos en la insensatez del tiempo.

El amor duele

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De la noche aprendí

que la oscuridad enseña

más de lo que oculta el día.

Del agua aprendí

que la forma de permanecer entero

es amoldarse al recipiente que nos sostiene.

De la soledad aprendí

que el silencio proporciona mas respuestas

que las ideas calladas al hablar.

Del amor aprendí

que cuanto más te sumerges en él

menos aprendes,

más sufres

más duele

menos cura

pero mas quieres.

Cómo se aprende del amor

si cuanto más sientes

más duele

y menos aprendes.

Creí que después de haber amado más que nunca

y haber sufrido más que nadie

mi corazón se volvería de hielo.

Mas reconozco que el corazón late con fuego

por eso quema

por eso duele

y ese témpano que latía a ritmo de crujidos

se aviva cada vez más, cada vez de menos.

De extremos he vivido

por extremos he sufrido

mas de corazón digo

que por extremos vivo.

TIEMPO

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El tiempo. Ese inestimable y abstracto compañero que nos rodea y nos envuelve.

Desde filósofos, físicos, poetas, o incluso locos, el tiempo ha sido un enigma para el ser humano. Vivimos aferrados a algo que no podemos controlar, pero que nos arrastra a hacerlo todo. Mas el tiempo no es mas que una idea creada por el hombre. El tiempo no existe, es nuestra percepción de la realidad, y más concretamente nuestra inherente necesidad de control de nuestra vida lo que nos movió a crear un sistema para contar la realidad. Mas, ¿es algo fiable? El tiempo pasa rápido cuando la situación es apetecible, y un infierno cuando esperamos algo, o la situación pasa a ser desagradable. Entonces, ¿qué sentido tiene el tiempo?

La brisa del aire acariciándote la cara, el último rayo de sol ocultándose en la linde del mundo en el ocaso de un atardecer, el fresco aroma de una dulce flor. Momentos cargados de una belleza sumamente efímera, pero perfecta. Y es que la belleza es algo efímero.

Propongo abolir la idea de tiempo, y sustituirla por la idea de vida. Principio y fin. Lo que pase entre ellos dos es cosa nuestra.

Silencio

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El silencio. Ese mágico y sumamente efímero momento en el que nos regocijamos en nuestros pensamientos. Un estado momentáneo y tenue de calma, que inunda el corazón de nada, lo vacía hasta dejarlo totalmente lleno. 

Para muchos, el silencio es incómodo, mas yo digo que es justamente la cura contra la incomodidad. Cuando no sabemos qué decir, las personas recurrimos a la “fuga de ideas”, pensando que uno es ingenioso, divertido, y dicharachero. Pues no. Normalmente, cuando no sabemos que decir, para evitar el tan famoso “silencio incómodo”, soltamos por la boca una inmensidad de idioteces, disparates y chistes sin gracia. Ahora bien, ¿qué es más incomodo, aguantar un silencio o actuar fingiendo que te interesa lo que dice la otra persona por tal de no hacerle daño? Exacto. 

Implantar la filosofía del silencio en vuestras vidas. Como el dicho “Procura que al hablar, lo que digas sea mas interesante que el silencio”

Los primeros pasos

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Después de mucho tiempo con la idea de crear un blog, por fin me decido a crearlo finalmente.

En este blog intentaré plasmar mi vida interna, pensamientos, ideas, emociones y, sobre todo, filosofía personal, que como todas, evolucionará del mismo modo que evolucionará este blog.

No os confundáis, no busco reconocimiento. Ni siquiera espero que nadie pueda encontrar alguna motivación para leer lo que ponga aquí. Este blog tiene otro fin. El fin de comenzar con una idea que poco a poco, veremos como va evolucionando.

Un saludo y, para aquellos curiosos/aburridos, BIENVENIDOS A MI MUNDO.